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Manuel Elkin Patarroyo

 
Ago
04

Director de la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia, desde donde se buscan soluciones a las enfermedades que se han convertido en su reto: malaria, tuberculosis, hepatitis, leishmania y cáncer de útero. Este es un pequeño recuento de la vida de Manuel Elkin Patarroyo, el científico más recordado por los colombianos.

Todo empezó en su tierra natal, en Ataco, Tolima, cuando en 1955, a los nueve años, sus padres le regalaron un cuaderno de tiras cómicas. Se llamaba Luis Pasteur, benefactor de la humanidad e inventor de vacunas. "Me lo fui leyendo a lo largo de la semana y me impresionó mucho que alguien pudiera inventar vacunas y ser a la vez benefactor de la humanidad. Lo convertí en mi sueño. Luego me dieron otros cuentos de ese estilo, como el de Robert Koch, descubridor del bacilo de la tuberculosis, también mi ídolo,  y dicho sea de paso tengo el máximo premio que pueda dar la Fundación que lleva su nombre. Luego el de Armauer Hansen, el descubridor del bacilo de la lepra, y el de Ronald Ross, descubridor del mosquito transmisor de la malaria, que son las enfermedades en las que he trabajado a lo largo de toda mi vida. Lo importante es que al convertirlos en ídolos y paradigmas, quise llegar a ser como ellos y superarlos también".

Siempre supo que lo que quería ser;  "benefactor de la humanidad",  como Pasteur, como Koch y por eso la vacuna contra enfermedades infecciosas se le convirtió, desde ese entonces en un proyecto de vida, casi en una obsesión. Hoy en día ya llegan a 200 los artículos publicados en revistas científicas internacionales de alto nivel y con gran impacto, donde describe paso a paso los adelantos de su vacuna.

Hoy su instituto, que funcionó en el Hospital San Juan de Dios durante varios años, fue elevado a la categoría de centro colaborador de la Organización Mundial de la Salud para el desarrollo de vacunas sintéticas contra la malaria, la tuberculosis y la lepra. Y fue a la OMS a la que donó la patente de la primera generación de la vacuna contra la malaria.

"Los seres  adultos, somos lo que los sueños de niños y de jóvenes nos dicten", dice, y por esa razón le aconseja a la juventud colombiana soñar y luchar. "Uno jamás debe darse por vencido. Uno debe tener siempre sueños, metas, objetivos, propósitos, proyectos de vida. Lo único que al ser humano le queda es la satisfacción de la lucha, ni siquiera del triunfo, ni la tristeza de la derrota, porque ninguna de las dos son ciertas".

El como todos los colombianos quiere ver a nuestro país grande, glorioso y sueña con Colombia, como el primer país del tercer mundo que revolucionó la historia de las vacunas contra las enfermedades infecciosas.
 
 

 

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